viernes, 30 de marzo de 2012

El secreto que se esconde detrás de las risas me conduce a estas escaleras de humo por las que asciendo. El sonido sin voz ni decibelios reverbera lo no dicho, lo que pienso: no encuentro a la mujer que quiero. El reciente cambio de escribir sonetos a prosa me certifica lo que siento, que nunca nací para cuadrar estrofas. Quizás nunca quise aprender la lección del compromiso para con los demás, me quedé en la del compromiso con uno mismo, ¡qué me importa el qué dirán! Yo no presento el Ateneo, yo presento el Partenón de mi abismo con estaciones, inauguro parajes incendiados: mis dominios. No se me enfade usted J. Vinyoli por citar algo de sus libros.

lunes, 26 de marzo de 2012

Me he vuelto a disfrazar del chico cuerdo que nunca fui, la única manera en que soy coherente conmigo mismo. Me había olvidado de mí. Una vez más he sido absorvido completamente por el adherente mundo de la densidad, de las ideas materializadas. ¿Cuándo pequé? ¿Cuándo cedí mi poder a otros? ¿Cuándo decidí no ser el creador de mi realidad material? Este es el famoso plato de lentejas. Yo me vendí por un cigarrillo pensando que me compraban por un beso, asalté a la duda cartesiana confundiéndola con una mujer. También es cierto que soy miópe, pero miópe por aburrimiento; me cansa ver siempre, a lo lejos, las mismas siluetas cansadas de mí mismo. Lo cierto es que, miópes o no, no se nos enseña a conocer nuestro poder, nuestra naturaleza divina, a ejercer como cocreadores de Dios. Ya no se enseña el lenguaje universal de las cosas, se enseñan esperantos morales.