domingo, 29 de abril de 2012


Si el orden natural de las cosas fuera el descenso, la decadencia, la degeneración, la nada, yo sería su Dante de pegatina en ese absurdo sin sentido. La mujer que no tengo la Beatriz sin fe de dicha comedia, y Virgilio sería el amigo desconocido a quien nadie conoció disfrazado de hombre cuerdo. Caminaría con la firmeza de los que han pisado fondo, hablaría con la inseguridad que da la experiencia, miraría con los ojos que embalsaman toda una eternidad con sus lágrimas al descubrir el aprendizaje del desapego, el eterno viaje a ninguna parte.

domingo, 8 de abril de 2012

Esta mañana me despertó la necesidad de vomitar mi alma. Me dijo que hoy le dolía estar en mi cuerpo, le dolían mis pensamientos. Me la miré con incredulidad, con esa incredulidad que produce ver germinar una semilla, esa explicación materializada del cosmos; la magia de la vida disfrazada de mí. Me invadió una extraña incomprensión lúcida; no entendía nada, ni las palabras ni a la voz que siempre habla en mi cabeza, pero sentía el compás, el ritmo, la respiración del universo, y cuando respiras con esos pulmones, con la perspectiva que te da la eternidad, la respuesta resuena por las esquinas de las desiertas avenidas del espacio: ¡vida! Y eso somos, perfecta ironía sinfónica que no necesita más que las pentatónicas, como el mejor blues de B.B. King. Mas existen los que han sido engendrados en el arpegio del no-tiempo, acordes del por y para siempre. Esos héroes blandirán sus espadas forjadas en el salvaje fuego del deseo y llevarán el entusiasmo que le sobró a Hölderlin en una antorcha: para encender algunos cielos, para incendiar algunos universos, ¡con la llama de la vida! Esa es la antorcha aria.

martes, 3 de abril de 2012



Él fue el hijo del entusiasmo, enérgica manifestación de la naturaleza. Sus ojos eran color universo infinito y su ADN su mejor soneto no escrito. Escuchó en la noche glacial el rugir de los huracanes, encontró las perlas fundidas en el vino, fue la mezcla perfecta entre idealismo regeneracionista y el pesimismo más absoluto. El ocaso contemplaba en sus ojos el horizonte arder, el amanecer llegaba siempre tarde a sus citas; "su genio era demasiado ufano para quedarse solo, y el mundo era demasiado pobre para poderlo abrazar." Las misteriosas notas de esa inteligencia superior llamada flor que jamás serán escritas: los hijos de Hiperión.