lunes, 20 de febrero de 2012

XVII


Aprender cien vidas en una sóla,
llorar de alegría mientras se duerme,
entusiasmarse mientras nos asola
el mañana con su futuro inerme.

Escribir versos a punta de pala,
no pretender ganar nada al destino.
Fumarse un porro mientras Dalí y Gala
pasean por las playas de Al Pacino.

Por mis noches cruzan las soledades,
los excesos, las emociones banales,
los Descartes sin cartabón ni escuadra.

¿Será de Pessoa esta grata alegría?
¿Será nietzscheana, mi simpatía?
Tal vez sea Dios el que se desmadra.

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