viernes, 13 de agosto de 2010

Mi novela de época.

Como la nota que germina en la luna de cada uno de nosotros, también nuestro sol hace infértil nuestros cultivos intelectuales.
Ceniceros que rebosan colillas, tan llenos de ceniza como nuestras mentes de mierda, yacen dentro de la cuna de nuestro deseo.
En la jarra de cerveza eché mi deber, y la blanca tortuga de mi pared azul empezó a tocar la flauta con una rara habilidad.
La puerta hablaba con elmechero acerca de la inminente lluvia de tristeza pingüina que iba a caer sobre la isla de un bolígrafo azul dueño de un ratón negro fumador amante de Goethe.

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