Ya ni siquiera recuerdas ni qué ni cuando, quien eres ni aquel sol bemol que te hizo saltar y te llevó a escribir esto, sólo sabes que andas en busca de algo; ese pensamiento, esa voz, esa chica, esa hostia, ese aire frio en tu nuca… olvidar.
Queremos creer que no fuimos nosotros aquellos que no solo se lanzaban un frisbi, sino la juventud embotellada en largas madrugadas de delirio insano. No sabíamos que un atropello de un joven cualquiera, la noche de un viernes negro, nos sería nuestra fiel y silenciosa cómplice de la miseria, ni de la hostia caritativa que sería mi única compañera que me esperaría fiel en ese vagón lleno de auto egos proyectados ahogándote, de algún paisanaje no humano mientras éste, con sonrisa picaresca, me giraba la cara.
El porro bajo la lluvia que nunca se encendió, el resfriado que seguro esta noche me acompaña más fogosamente que la miseria y el dolor. Ese sentimiento siempre enmudecido por una intelectualidad que se proyectaba y veía que algún día alcanzaría “eso”, para algún día poder expresar mínimamente, aunque fuera tan efímeramente real como ese temprano rayo de viento frío que os corta el aliento y os deja sin habla, no sabéis qué decir, pero algo ha crecido en tu joven mente y quieres decirlo, parirlo: pasemos frío en esta noche, partámosles las caras, que nos las partan, tengamos nuestra dosis de humanismo y contacto con la realidad suficientes… necesito un descanso; pero no de esos enrollado entre las mantas de mi mágica cama, en la que no reina más deidad que el: duerme y sueña con ser tu crítica perfecta, sino de esos bajo mantas de espinos… Todo, se mueve entorno a ese despertar: amistades presentes y futuras, a egos cada día más dispares entre sí, cada día más convencido de querer ser nada; pero no para buscar un pretexto de no buscar nada ni hacer nada en la vida; es un pensamiento tan complejo como desmotivador en tanto que ni uno mismo, más veces de las que soy capaz de darme cuenta, cree estar enterándose. ¿Qué rol me asigno, o debería asignarme en este drama humano tan mío?
Grito con todo mi alma y todo mi ser: nada. Buscas un cambio, buscas esa sonrisa bella, buscas algo que sólo te va a traer dolor. Desházte.
A todos mis hechos empíricos, a todos mis pensamientos, todo lo que intento hacer o proyectar, carece de la sustancia integradora y unificadora. Únicamente dos palabras: necesidad insólita. Quizás sólo volver a ser el que debí ser…¿volver? Cuán fácil es decirlo cuando nunca estuve allí; es como inventar o pintar mis queridísimos amigos, los colores, sin el consentimiento de éstos. Sólo somos el límite autolimitador por antonomasia: límite de mis pensamientos, límite de mi tiempo, límite de mi extensión; límite entre mar y lilas, entre esta frase, la que le seguirá y las que jamás me daré el goce de escribir. ¿Que hacia adónde voy? …. Hacia dónde tú.
domingo, 19 de diciembre de 2010
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