Hoy se ha levantado el día caprichoso, jugueteando con los rayos de sol entre las nubes cargadas de pensamientos; preludio de una tormenta de recuerdos. Sé que no soy Monet y, sin embargo, parecía que únicamente con sus ojos se pudieran contemplar y dejarse llevar por aquel subir y bajar de notas silenciadas a color.
Sin ignorar el factor climatológico, y ya que estamos hoy juguetones (aunque no por eso menos filosóficos), podríamos decir que en diciembre hace frío (lo que para Hume y para mí nos provoca un no sé qué de gracioso), y el aire, por tolerante y amistosa que fuera mi actitud para con él, éste seguía clavándose cada vez más (hasta tal punto que pensé que por fin terminaría de resquebrajarme y rompiéndome en mil añicos) en lo que yo creía ser mi alma, mi horizonte y "límite" de mis pensamientos.
Puesto que últimamente ando muy ocupado leyendo y haciendo un trabajo sobre M. Proust y su "Busca del tiempo perdido" (y no quiero ningún comentario irónico por parte de los que hayan leído o visto esta obra) me voy a permitir el sano vicio, (puesto que tengo muchos no tan sanos) de citar unas frases suyas, a parte de permitirme la modestia opinión de decir que me parece más saludable acompañar mi tan tranquilo café con dos cucharas de ataraxia y un chorro de entusiasmo crítico, que la mierda de bollería industrial, televisión basura, premsa sensacionalista o valores tradicionales y dogmáticos vayáis a desayunar:
"Nunca me dejo influir por las perturbaciones atmosféricas ni por las divisiones convencionales del tiempo. Si por mí fuera, rehabilitaría el uso de la pipa del opio y del kriss malayo; pero ignoro el de esos instrumentos infinitamente más perniciosos y además tan vulgarmente burgueses que son el reloj y el paraguas."
Hoy, sin embargo, es un día de luto. "Hoy deben morir los excesos" piensa mi mente, inquebrantable como el tiempo a su paso; el cuerpo mientras tanto, la carne, tiembla ante el temporal jinete de la merecida abstinencia.
No sé qué me quiero demostrar, y no sé si esta actitud es fruto de haberla ido pensando estos últimos días o por el regalo que el azar hoy me ha brindado. Ese regalo ha sido un pensamiento. ¿Quizás busque un cambio? ¿Para qué? ¿Qué me impulsa a querer este cambio? ¿A qué se debe esta fascinación por querer hacer de mi rutina una melodía buscando la armonía perfecta y sintiendo que con cada acto decido dónde pongo una variación, dónde un allegre, y dónde un si bemol?
Melancolía por los excesos. Nostalgia por los excesos.
Pero, ¿cómo actuar en esta obra, en este drama humano, sin un papel que representar? Todo consiste en eso, pero al parecer, la mía no debía ser esta, pues me suscita una irritabilidad incontenible ver un concurso de pseudoshakespeares compitiendo por el papel de los trágicos protagonistas: un Hamlet en cada uno, un Otelo en cada esquina, un Romeo en cada bar...
"Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.
Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos.
Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: «¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.»"
Mas estoy alegre. Si hay algo que en mi soledad y mis ratos de desvaríos, como a mí me gusta llamarlos, he aprendido es que no tenemos que aferrarnos a nada, ni incluso (y para muchos es difícil) a nosotros mismos, "Desconócete a tí mismo"; estar preparados para en cualquier momento partir, y partir con la mentalidad de que un adiós, para muchos es una despedida, para mí es un saludo a lo desconocido (por poco tiempo). Esto es simple de entender cuando nos damos cuenta de que no pertenecemos al espacio, sino al tiempo. Quiero decir que el mismo paisaje que vemos desde la misma perspectiva ahora, no lo veremos igual que de aquí a un rato, días, años...Todo ese tiempo lo contenemos en nuestro ser, en esa memoria involuntaria prousiana y que, en días como hoy, algún errante olor o sabor del café perdido en tu ser, sale a la superfície llenándote de un sentimiento de júbilo inexplicable que te empuja a afirmar: ¡Jodéos, esta diversión es ocio gratuito! (en voz baja, no vaya la privatización mental a llegar al gobierno y se convierta en una de sus prioridades y fuentes de ingresos).
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario