domingo, 18 de septiembre de 2011

XIV

Ni admiro el Partenón en este abismo
ni invierto en extravíos ni querencias.
El humo que respiro es un laísmo
que aprendí en el país de las esencias.

Otra vez matándome de placer
al dar la metáfora por perdida.
Otra vez estreno armas de mujer
en mi caricatura comedida.

Aquí sigo, sin nada qué decir
pero amparado por el entusiasmo
de la soledad que no me deprime.

Aquí sigue, sin nada qué zurcir,
brillando en mi oscuridad sin sarcasmo:
"el día es bello, la noche sublime".

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